sexo en la peluquería


Siempre había considerado a David Bisbal un tipo hortera y nunca me habría imaginado a mí mismo siquiera pidiéndole un autógrafo, pero estaba equivocado, me atraía más de lo que pensaba.
Una tarde baje a la peluquería a cortarme el pelo y allí estaba él, terminando de secar sus rizos. Me senté a su lado y la peluquera me empezó a cortar. Llevaba unos vaqueros ajustados y no pude evitar que mis ojos se fijaran en su entrepierna. Sería porque los pantalones le apretaban o simplemente porque había demasiado paquete entre pierna y pierna pero, aquella imagen me volvía loco y no podía apartar la mirada. Él se dio cuenta y me miró, yo me puse colorado e intenté disimular mirando a otro lado. Él sonrió y me dijo:

- Tienes un pelo muy bonito, ¿por qué te lo cortas?
- No me gusta cuando lo tengo largo – contesté yo.

Entonces la peluquera nos dijo que tenían muchos clientes y que si no nos importaría esperar unos minutos en la sala de espera interior. Obedientes, David y yo nos metimos en una amplia sala con sillones y revistas. Nos sentamos. Había una máquina de café en una esquina y el decidió tomarse uno. Una vez comprado se sentó y yo, sin querer, le di un suave golpe en el codo que le hizo derramar el café en su camisa blanca. Yo me disculpé y el dijo que no pasaba nada. Entonces se la quitó. Tenía el pecho mojado con un poco de leche y yo, sin saber lo que hacía, intenté limpiarle frotándole con la mano. Entonces me di cuenta de que se le habían puesto los pezones duros y que el bulto de la entrepierna le empezaba a aumentar. Yo le desabroché los pantalones y se los quité, dejándole sólo con los boxer negros que le marcaban un culito divino. Temblando de excitación le arranqué los calzoncillos con los dientes y le chupé el rabo como nunca antes lo había hecho a nadie. Se corrió en mi boca mientras su enorme capullo palpitaba. Entonces se levantó, me quitó los pantalones y me penetró por detrás sin avisar, sin saliva, a pelo, con aquella polla venosa que sentía desgarrándome por dentro.
Entonces entró la peluquera y nos dijo que ya podían continuar cortándonos el pelo, pero el pelo era lo que menos me importaba en aquel momento.

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