caliente pene rompedor


Conseguí enterarme donde iba el Conde Lecquio a relajarse. Era una pequeña cala en la costa, una cala privada y en la que no podia entrar nadie. Me desplacé hasta allí, y después de hacer unos cuantos "favores" a los vigilantes pude entrar. Allí estaba él, paseando por la playa, completamente desnudo y con su enorme miembro al descubierto, su caliente pene rompedor.

Me acerqué a él, y él enseguida se dirigió a mi para decirme que como habia entrado y que queria. Yo le contesté que siempre lo había admirado, y que su emorme pollón era de mi completa
admiración. Para mi sorpresa, una sonrisa lasciva se dibujó en su cara. Me dijo que me tumbara en su toalla, que iban a hacerle una sesión de fotos y que luego hablariamos más tranquilamente.

Durante la sesión de fotos pude ver como se masturbaba y se manipulaba la polla para que las fotos fueran mejores. Que vicio. Una vez acabó, nos quedamos completamente solos en la playa y él se acercó a mi. Ambos estabamos desnudos, pues la cala era nudista. Se sentó junto a mi y me  besó. Yo me tumbé y él lo hizo sobre mi. Su lengua recorría la mia mientras sus fuertes manos recorrian mi cara. Entonces bajó por mi pecho, besándome y lamiéndome. Cuando llegó a mis ingles, chupó mis testículos y se metió mi polla en la boca. Me la chupaba intensamente, como jamás lo habian hecho. Sujetaba mis testiculos con su mano y succionaba mi miembro sin prisa pero sin pausa.

A continuación, el se tumbó y yo me dispuse a mamarsela. Dios mio que pollón esperaba ser comido por mi boca. Era enorme. Me la introduje en la boca y comencé a succionar su capullo. Alessandro se deshacia en gemidos de placer. Su capullo golpeaba mi garganta mientras él observaba como se la chupaba.

Después me coloqué sobre él y me introduje su pollón en mi dilatado culo, y comencé a botar sobre él. Él me agarraba de la cintura con sus poderosas manos y yo le acariciaba el pecho. Nos
mirabamos fijamente a los ojos mientras que ambos teníamos cara de estar sumidos en un intenso placer. Una y otra vez su verga golpeaba dentro de mi, haciéndome disfrutar como nunca. A
continuación me tumbé yo, me abri de piernas y dejé que él me la volviera a incrustar en el culo. Apoyaba sus brazos en el suelo y me iba embistiendo como si estuviera haciendo flexiones. Una y otra vez, sin descanso. Cada vez que notaba que todo su miembro estaba dentro de mi, yo no podia evitar lanzar un gemido.

Pronto comenzó a empujar más fuerte y rápido. El placer se confundia con la bestialidad. Finalmente acabó corriendose dentro de mi, descargando toda su leche en mi interior.


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